Vivimos rodeados de estímulos, pero cada vez experimentamos menos. En este artículo exploro cómo la hiperestimulación, la fragmentación de la atención y la desconexión del cuerpo están erosionando nuestra capacidad de sentir, integrar y dar sentido a lo vivido.
Desde la neurociencia contemplativa y la neuroestética, propongo una reflexión urgente: no se trata de lo que ocurre fuera, sino de lo que ya no nos ocurre dentro.
Recuperar la experiencia es, hoy, un acto radical.
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