Cultivar sin interferir
Por Koncha Pinós
The Wellbeing Planet– Biophilia and Art
Hablar de Masanobu Fukuoka sin situarlo en su contexto es perder la mitad de su gesto. No fue simplemente un agricultor que decidió no arar la tierra. Fue un microbiólogo formado en la ciencia moderna japonesa que, tras una crisis personal y en medio de un país atravesado por la devastación de la guerra y la memoria de la bomba atómica, comenzó a cuestionar la idea misma de intervención. En una cultura que reconstruía desde la disciplina, la eficiencia y el control, su gesto fue silencioso pero radical: retirarse lo suficiente como para poder ver.
Lo que llamó “agricultura natural” no es una técnica en el sentido habitual. Es un desplazamiento perceptivo. Dejar de actuar desde la premisa de que lo vivo necesita ser corregido, para empezar a observar qué ocurre cuando no lo interrumpimos constantemente. “Cultivar sin interferir” no significa no hacer nada. Significa hacer solo aquello que no rompe la coherencia del sistema. Y esto no puede entenderse sin práctica.
Porque el primer movimiento no es técnico, es perceptivo: detener la acción automática. Antes de arar, antes de plantar, antes de limpiar, hay que observar. No de manera abstracta, sino concreta: qué crece ya en ese terreno, cómo se distribuye la humedad, qué zonas reciben más luz, qué insectos aparecen, qué ritmos están ya en marcha. Esta observación no es preparatoria; es ya parte del cultivo. Sin ella, toda acción es, en cierto sentido, una imposición.
A partir de ahí, el hacer cambia de naturaleza. No se trata de intervenir menos por principio, sino de no intervenir donde no es necesario. No remover la tierra, por ejemplo, no es una regla rígida, sino el reconocimiento de que el suelo ya contiene una estructura viva —microorganismos, humedad, capas— que se desorganiza cuando se voltea. Plantar no implica transformar todo el terreno, sino abrir pequeños espacios en él, lo justo para introducir la semilla sin romper el equilibrio existente.
Lo mismo ocurre con lo que llamamos “malas hierbas”. En la lógica habitual, se eliminan. En la práctica de Fukuoka, se observan. No porque todas deban permanecer, sino porque su presencia indica algo sobre el estado del suelo. Cortar puede ser necesario, arrancar no siempre. La diferencia es sutil, pero decisiva: una acción que regula no es lo mismo que una acción que borra.
Cubrir la tierra con paja —uno de los gestos más característicos de Fukuoka— no es añadir algo externo, sino devolver al suelo lo que el propio sistema genera. La paja protege, retiene humedad, alimenta. No se introduce para mejorar, sino para no empobrecer. Incluso la siembra pierde su carácter lineal. Las semillas pueden mezclarse, dispersarse, encontrar su lugar sin ser completamente dirigidas. Esto no elimina el orden; introduce otro tipo de orden, menos visible pero más estable.
Nada de esto funciona desde la prisa. Y aquí aparece uno de los puntos más difíciles de trasladar fuera de su contexto. La experiencia japonesa de Fukuoka no es solo técnica, es temporal. Su práctica se desarrolla en una relación con el tiempo que no está dominada por la urgencia del resultado inmediato. En contextos donde la producción es la medida principal, esta temporalidad resulta difícil de sostener. Por eso, exportar su visión no consiste en copiar sus métodos, sino en transformar la relación con el tiempo y con la acción.
Porque cultivar sin interferir no es una solución rápida. Es un proceso en el que, al principio, aparece el desorden. El sistema, acostumbrado a ser dirigido, tarda en reorganizarse. Y ese momento genera inseguridad. Parece que nada funciona, que todo está fuera de control. Pero lo que en realidad está ocurriendo es que el control ha dejado de sostener una estructura que no era propia del sistema. Si se mantiene la observación, si no se vuelve a intervenir por impulso, algo empieza a ajustarse.
En ese ajuste aparece una forma de orden distinta. No perfecta, no previsible en cada detalle, pero coherente. Las plantas se vuelven más resistentes, el suelo más fértil, el trabajo humano disminuye. No porque alguien lo haya optimizado, sino porque se ha dejado de interferir en lo que ya sabía organizarse.
Esto tiene una implicación que va más allá del cultivo. En un mundo marcado por la necesidad constante de intervenir —corregir, optimizar, acelerar— la propuesta de Fukuoka introduce una pregunta incómoda: ¿cuánto de lo que hacemos es realmente necesario? ¿Cuánto responde a una dificultad para sostener lo que no controlamos?
En Biofilia y Arte, esta pregunta se traslada al espacio. No se trata solo de cómo diseñamos, sino de cuánto intervenimos en la experiencia. Introducir lo vivo no es añadir elementos, sino permitir procesos. Dejar que algo crezca, que cambie, que no esté completamente definido. Y en ese dejar, la percepción se reorganiza. Ya no tiene que sostenerlo todo.
El jardín cercano a la naturaleza no es un modelo agrícola. Es una práctica de percepción. Un aprendizaje en la capacidad de distinguir entre actuar y interferir. Y en esa distinción, algo se transforma: la acción deja de ser una respuesta automática y se convierte en una decisión que surge de la comprensión.
Cultivar sin interferir no es hacer menos. Es hacer desde un lugar en el que la vida no necesita ser dirigida para poder ocurrir.
Perfil de la Autora.
Koncha Pinós (ORCID: 0009-0003-8865-6425) es especialista en neurociencia contemplativa, psicología y neuroestética, con una trayectoria internacional centrada en el estudio de la percepción, la conciencia y la experiencia estética como vías de regulación emocional y transformación humana. Es fundadora y directora de The Wellbeing Planet, una red global presente en decenas de países que desarrolla proyectos de investigación, formación y aplicación en biofilia, bienestar y conciencia.
Autora de más de 29 libros y numerosos artículos, su trabajo se sitúa en la intersección entre arte, ciencia y psicología profunda, explorando cómo la experiencia estética y la relación con la naturaleza inciden en los estados de conciencia, la cognición y la salud mental. Ha colaborado con museos, artistas y comunidades internacionales, desarrollando programas aplicados en contextos clínicos, educativos y culturales.
Es miembro de la Société Neuroscience et Créativité (Francia), la APA Division 10 — Society for the Psychology of Aesthetics, Creativity and the Arts (Estados Unidos), el programa de Art and Architecture de UNESCO (Emiratos Árabes Unidos) y la International Society for Contemplative Research (Estados Unidos). Su enfoque integra neurociencia, psicología existencial y prácticas contemplativas, con especial atención a los procesos de regulación en contextos de incertidumbre, crisis y transformación.
www.thewellbeingplanet.org www.biophiliandart.com
Bibliografía
– Fukuoka, M. (1978). The One-Straw Revolution.
– Fukuoka, M. (1985). The Natural Way of Farming.
– Pinós, K. (2025). Biofilia y Arte. The Wellbeing Planet.
